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  1. La experiencia Erasmus

    mayo 14, 2012 by viobella

    El pasado viernes se celebraba el 25 aniversario del programa Erasmus y tuve el honor de ser elegida junto a otros 24 compañeros para ilustrar con mi experiencia lo que supone esta beca para el desarrollo personal y profesional. En la publicación oficial se incluye un resumen del artículo con el que gané el concurso, pero quiero compartir aquí el texto íntegro. Se excede un poco de la extensión habitual del blog, pero espero que os interese:

    Ya han pasado más de seis años desde que estuve de Erasmus en Alemania. Como siempre ocurre en los buenos momentos de la vida, parece que hace muchísimo ya que me he convertido en una persona diferente pero, a la vez, me parece que fue ayer cuando llegué cargada de maletas al aeropuerto de Munich.

    Yo quería irme al Reino Unido. Como estudiante de TeI de inglés, mi objetivo era practicar ese idioma y conocer esa cultura. Sin embargo, el destino quiso que de las diez opciones a nuestra elección consiguiera justo la última. La última y la única a Alemania.

    El alemán era mi segunda lengua de estudio y hasta llegar a la Universidad de Granada no sabía ni una palabra en alemán. Al tratarse de una carrera de lenguas, a los estudiantes de TeI se nos permite irnos de intercambio desde el segundo curso y es cuando la mayoría de nosotros con 19 añitos escogemos embarcarnos en esta aventura. No es de extrañar entonces que cuando llegué a mi residencia en Regensburg y las llaves no abrían, no fuese capaz ni de decir por el portero en alemán: ¿me podéis abrir la puerta?

    Los primeros días fueron muy duros: el idioma, el tiempo, las diferencias culturales, estar tan lejos de la gente a la que quieres… Pero este malestar duró solo unas semanas puesto que al comenzar el curso preparatorio conocí a decenas de estudiantes de todo mundo en mi misma situación. Puedo decir sin lugar a dudas que, hasta la fecha, ese mes de septiembre de 2005 fue el más divertido de mi vida. La Univesidad de Regensburg nos dio muchísimas facilidades y hasta nos asignó tutores para que nos guiaran en estos comienzos: visitas a Neuschwanstein, Walhalla y Oktoberfest, noches en los Biergarten de la ciudad, fiestas de todo tipo…

    Para culminar la bienvenida, asistimos todos juntos a la fiesta de inicio de curso que se realizaba en el mismo auditorio del campus. Un grupo bastante conocido en esa época dio un concierto muy animado y luego siguió la fiesta con varios DJ. Lo que más me llamó la atención fue que la fiesta no se limitaba al auditorio, sino que se extendía por toda la universidad. En los mismos pasillos donde a partir del siguiente lunes entraríamos a las distintas clases era donde ahora estaba la gente bebiendo y bailando.

    Tras este mes de ensueño llegó la realidad: el primer semestre en una universidad alemana. Con mi poco nivel de alemán, eran toda una odisea las clases como Documentación o Civilización Alemana. En Information Retrieval (que era como se llamaba la asignatura equivalente a Documentación) aprendimos las fórmulas matemáticas de Google. Pero con mi poco nivel de alemán, yo en las clases solo entendía cuando el profesor ponía ejemplos como «perro» o «gato». Por suerte, en la universidad muchos docentes tienen un buen nivel de inglés y me dieron la posibilidad de hacer el idioma el examen final. Fue una gran ventaja, pero también me supuso muchas horas de preparación ya que tuve que traducir 70 folios de temario del alemán a inglés.

    En Civilización Alemana no existía la opción de hacer el examen en inglés ya que, además de valorar nuestros conocimientos sobre la cultura, tenían en cuenta la expresión en alemán al tratarse de una asignatura de la especialidad de alemán como lengua extranjera. En el examen final consistía en una redacción de tres páginas en alemán sobre el temario del semestre. Mis buenos amigos me hicieron el favor de redactarme textos con lo que yo les iba diciendo en español y los memoricé palabra por palabra teniendo solo una vaga idea de lo que significaba lo que tenía que escribir. Finalmente conseguí aprobar con nota, después de contar una por una que no me había dejado ninguna palabra fuera: 314.

    Pero no todo fueron clases. Estudiar en un campus universitario es una experiencia totalmente diferente a mi facultad del centro de Granada. Con más 20.000 estudiantes, era normal encontrarte con caras conocidas en cualquier lugar del campus y siempre había alguien dispuesto a pasar un rato contigo en la cafetería, comer juntos en la Mensa o ir a la piscina del Sportzentrum. Si algún alemán quería practicar su alemán, sabía a dónde ir: a la cafetería donde, entre clase y clase, nos pasábamos los días jugando a las cartas y, si era viernes, aprovechándonos de las máquinas expendedoras de cerveza de medio litro a 1,20 €. Baviera, sin lugar a dudas, sabe cómo promover uno de sus bienes más preciados.

    El invierno fue duro, pero localicé todos los pasadizos subterráneos del campus para no tener que salir nunca entre clase y clase al gélido invierno alemán. En la parte central incluso había un lago que se congelaba en invierno y podíamos hacer patinaje sobre hielo sin salir de la universidad.

    Mi estancia, como la de mis dos amigas de Facultad, en un principio iba a ser solo de cuatro meses. Pero después de aguantar -20º y nieve cada día queríamos conocer esta ciudad bajo otra perspectiva: la de la luz de primavera. Tomada la decisión, movimos Roma con Santiago (o más bien Regensburg con Granada) y conseguimos quedarnos hasta que acabara el segundo semestre, nada más y nada menos que en agosto.

    Sin embargo, tener exámenes en agosto tenía una parte positiva: el Semesterferien. ¿Y qué significa esa palabra tan rara? Pues dos meses de vacaciones. De febrero a abril éramos totalmente libres y cada uno lo empleó como quiso: volver unos días a casa, hacer el Interrail, viajar a países lejanos, quedarse a disfrutar de Regensburg sin clases… En mi caso fue un poco de todo, pero lo que recuerdo con más cariño es el viaje que hice con mis dos amigas a Italia en 10 horas de tren desde Alemania.

    Ya en Roma, nos acogieron unas chicas de Granada que estaban allí de Erasmus y pudimos comprobar que la vida Erasmus en Italia era muy diferente a la nuestra en Alemania: fiestas en un barco hasta la madrugada, talleres en casas okupa (que en Italia son legales al convertirlas en centros sociales), certificados de la universidad para poder entrar gratis en los museos… Y, sobre todo, la facilidad de comunicarte con todo el mundo y aprender el idioma más rápidamente. No cambiaría mi experiencia en Alemania por nada, pero tampoco me importaría haber estado una temporada de Erasmus allí.

    De vuelta en abril decidí aprovechar al máximo la oportunidad de estar en una universidad con un departamento de lenguas eslavas tan completo. El ruso es mi tercera lengua de estudio, pero me encanta aprenderla poco a poco con su alfabeto cirílico, su pronunciación y sus tradiciones tan diversas. Las clases de conversación eran mis preferidas, sobre todo cuando hacía sol y nos salíamos al césped a darla allí. Esto ocurría dos veces al mes como mucho, ya que el 30 de julio incluso nevó dejando los coches cubiertos con un fino velo blanco.

    En agosto llegó por fin el buen tiempo (a la alemana) pero también los exámenes y las temidas despedidas. Las partidas de cartas se trasladaron al césped, que siempre estaba lleno de alemanes que, sorprendidos por el buen tiempo, querían aprovechar cada rayo de sol.

    Las despedidas sirvieron como excusa para juntarnos todos por última vez, aunque me alegro de haber sido de las primeras en dejar Regensburg, ya que es muy duro decirle adiós uno por uno a esos compañeros que lo han sido todo para ti durante todo un curso con el miedo de no volver a verlos. Pero lo bueno de la Erasmus es que no termina con el curso, está contigo para siempre.

    Tengo amigos que en su Erasmus conocieron al amor de su vida y ya incluso han formado una familia. Sin embargo, yo solo tenía 19 años cuando estuve en Alemania así que las repercusiones fueron más sutiles pero no desmerecen en nada.

    La consecuencia principal de mi estancia Erasmus en el apartado personal es que gracias a esos meses puedo decir que tengo amigos de verdad en muchos lugares del mundo. Pasado el tiempo muchos compañeros de experiencia van desapareciendo de tu vida, pero los que se quedan son con los que podrás contar para siempre. Puede que conocer a alguien de Erasmus sea la mejor forma de saber de verdad quienes son. Al encontrarte en un país diferente al tuyo con gente nueva, no estás condicionado por el qué dirán o tus propias circunstancias personales. Al volver cada uno sigue su camino pero los momentos vividos juntos se quedan contigo para siempre.

    La forma más fácil de conocer una cultura es a través de las personas y sus experiencias vitales, y yo pude aprender mucho en este sentido. De Alemania me impregné con la propia experiencia pero también pude conocer la realidad de los países de los que venían mis amigos Erasmus.

    En el tren camino al Oktoberfest me senté al lado de mi amigo mexicano y estuvimos hablando de nuestra forma de ver la vida y de entender el mundo. Por casualidad surgió un comentario sobre el día de la Hispanidad que era por esas fechas y tuvimos una larga conversación sobre el colonialismo y el papel de España en la evolución de México. Sinceramente nunca había considerado el descubrimiento de América desde ese punto de vista ni conocía el resentimiento de muchos latinoamericanos hacia nuestro país. Esta experiencia me sirvió para no tomar por sentado la información que tenemos sobre los acontecimientos históricos y tratar de documentarme con diversas fuentes.

    Asimismo, uno de nuestros compañeros era del Ulster y sentías escalofríos escuchar en primera persona las historias sobre atentados o el odio tan extremo entre los mismos vecinos. La entereza de una persona tan joven que ha pasado por tanto me servirá como ejemplo para siempre.

    En esa línea, en nuestro grupo de amigos había también personas de Cataluña y del País Vasco, que nos enseñaron a comprender el nacionalismo y las diferencias que existían entre su cultura y la nuestra. Además, ellos aprendieron a echar por tierra muchos de sus estereotipos sobre los andaluces y a darse cuenta de la evolución de nuestra región. En este sentido, la Erasmus te hace mucho más tolerante y abierto a las ideas distintas a las propias.

    Al ser de Traducción de inglés, no conocía a las compañeras que me acompañaron en esta experiencia ya que eran casi todas de la especialidad de alemán. Por suerte hicimos migas desde el principio y, a la vuelta a Granada, se convirtieron en un apoyo fundamental en mis últimos años de licenciatura. Acostumbrada a salir con la misma gente de clase o de mi residencia, gracias a mis nuevas amigas, pude conocer una Granada diferente y aumentar mi número de amigos considerablemente.

    Además, en esos años intenté no alejarme demasiado del ambiente Erasmus y la mayoría de mis compañeros de piso fueron extranjero. A ellos traté de ayudarlos lo máximo posible y hacerlos sentir como en casa, puesto que es lo que agradecía cuando la extranjera era yo. Recuerdo que el primer día que cogí el autobús (el último de la noche) en Regensburg para que llevara a la residencia me confundí de dirección y la señora conductora que no hablaba ni una palabra de inglés fue tan amable de llevarme directamente a mí sola al acabar la ruta a mi puerta. Gestos así te llegan al alma y hay que tratar de compensarlos de alguna manera con los Erasmus en Granada en una situación de necesidad como esa.

    Los momentos malos, que también los hubo, te enseñan a crecer y ver el mundo desde otro punto de vista: aprendes a relativizar los problemas y a ver más allá. Tras enfrentarme a las dificultades de vivir en un país tan diferente y verme obligada a salir adelante por mí misma, ahora estoy segura de que tengo la fortaleza para superar cualquier cosa.

    En cuanto a las consecuencias profesionales, todo comienza con el gran número de créditos que conseguí hacer en Alemania. Por ellos pude completar la licenciatura de Traducción e Interpretación en los años establecidos y, gracias a mis buenas notas globales, conseguí una plaza como auxiliar de conversación en Londres. Además, durante la Erasmus no solo aprendí alemán, sino que también mejoré mucho mi inglés y adquirí bastante soltura en este idioma, lo que me facilitó las cosas a la hora de vivir y trabajar en Londres. Finalmente cumplí mis objetivos: en la Erasmus aprendí casi desde cero otra lengua y, gracias a mis notas, pude vivir en un país de habla inglesa.

    Este dominio del alemán me permitió utilizarlo como idioma de trabajo y me consiguió mi primer empleo real relacionado con mi licenciatura. La empresa de traducción en la que estoy trabajando actualmente buscaba a un traductor que pudiera trabajar desde inglés y alemán. En este trabajo también tendré que tratar con personas de todo el mundo en un registro formal y creo que puedo hacerlo con tanta soltura gracias a toda la burocracia que tuve que solventar en mi año Erasmus. Además, en la Erasmus te ves obligado a integrarte con rapidez en una sociedad desconocida para ti y hacer contactos con facilidad así que me ha ayudado a encajar bien en los grupos de trabajo y a relacionarme con mis compañeros.

    Por otra parte, durante mi experiencia Erasmus tuve la excusa perfecta para escribir mi primer blog. Años después conseguí un trabajo escribiendo un blog cultural y ahora escribo por afición.

    Los contactos personales son lo más valioso de la Erasmus. Además de ser un apoyo esencial durante ese tiempo y, algunos de ellos, también después, para una traductora es algo esencial poder contar con nativos de tus idiomas de trabajo para consultar cualquier duda o que te ayuden a instalarte en su país para trabajar allí.

    Asimismo, no han faltado las ocasiones en las que algún amigo traductor que conocí en Alemania me ha pasado un trabajo, ayudándome inestimablemente a pagar las facturas. En esta época de dificultades económicas en la que nos ha tocado vivir, tenemos que echarnos una mano unos a otros para seguir adelante y no perder el entusiasmo por nuestra profesión.

    Como conclusión, la Erasmus es una experiencia que debería ser obligatoria en todas las carreras universitarias ya que sus repercusiones positivas se extienden mucho más allá de las puramente lingüísticas: te prepara para el mundo globalizado actual y te enriquece como persona.

    Y en mi experiencia particular, es normal pensar que haríamos las cosas de forma diferente si volviéramos atrás, pero yo no cambaría nada ya que esta experiencia me ha convertido en quien soy hoy.

    B.


  2. Vouvoyer ou tutoyer

    mayo 7, 2012 by viobella

    Hay algo que me pasa desde que asimilé la lengua francesa. Es cierto que no le había dado mucha importancia, pero me ocurre cada vez más. En castellano tuteamos con mucha más rapidez que en francés. Incluso si hablamos de usted a una persona que ronde los 40 o 50 años por mero respeto puede ser un arma de doble filo y hacer sentir a la persona más mayor de lo que es.

    En Francia, en cambio, todo el mundo al conocer a alguien se habla de usted e, incluso gente que ha trabajado durante años codo con codo, lo sigue haciendo porque nunca han osado preguntar: ¿Le puedo tutear? Recuerdo que durante mi año de auxiliar de conversación en Francia, mis alumnos no supieron mi nombre de pila hasta bien avanzado el curso ya que se referían a mí como Madame Sánchez.

    Debo reconocer que ha sido difícil para mí hablarle de usted a todo el mundo en Francia, sobre todo una vez que la conversación estaba avanzada, pero ahora parece que lo he asimilado. El problema es que ahora me ocurre también en castellano y ya no sé cuándo debo o no tutear.

    Supongo que a otros traductores les habrá ocurrido lo mismo y, no es que nos hayamos vuelto más educados de la cuenta, es que estos franceses de Francia a veces se pasan en el hablar y, claro, todo se pega.

    V.


  3. Soy tus ojos

    abril 17, 2012 by viobella

    Esta ambiciosa afirmación resume perfectamente lo que significa ser audiodescriptor. Somos los ojos de una persona que no puede ver, perdemos nuestra personalidad y le ofrecemos un resumen lo más fiel posible de las acciones que están sucediendo en una obra cinematográfica o teatral.

    Como pasamos a ser otra persona, tenemos que adaptar el vocabulario y las referencias a elementos reconocibles: un objeto puede ser redondo como una pelota de tenis, la ondulación de los brazos de un bailarín moverse como las olas del mar, los ojos de un actor azules como el cielo…

    No obstante, si esa persona nunca ha visto, ¿cómo puede saber qué son los colores? ¿Le importa si los ojos son azul cielo o verde hierba? En primer lugar, debemos recordar que la audiodescripción se dirige a un público muy diverso y puede que algunos usuarios sí hayan visto total o parcialmente en algún momento de su vida. Además, incluso en el caso más extremo, este tipo de referencias son útiles, ya que los colores son más que algo visual: son conceptos con miles de significados.

    La objetividad también debe primar, ya que debemos ofrecer suficiente información para que al usuario le sea posible formarse una idea sin que importe nuestra opinión personal. Sin embargo, en mi opinión, estos usuarios deberían plantearse si realmente prefieren que en pocos segundos tratemos de describir objetivamente a Brad Pitt o que primero mencionemos que puede resultar atractivo y después, en el escaso tiempo del que disponemos, detallemos su anatomía.

    Hasta el momento he trabajado principalmente como audiodescriptora de teatro en directo, una de las tareas más difíciles que he realizado nunca. A la presión del directo hay que añadirle la responsabilidad que tienes con las personas que están al otro lado del micrófono, que confían plenamente en ti. Los silencios deben estar totalmente estudiados, la estructura ser clara en todo momento, el tono animado pero formal…

    Todo lo mencionado anteriormente es la teoría, pero imaginaos este caso práctico (y real):

    Audiodescripción en directo de una actuación de baile moderno en la que participan diez bailarines que se parecen físicamente bastante entre sí. Has visto la actuación sólo una vez en el ensayo general que realizaron hace dos horas. En ese momento la escenografía no estaba terminada, los bailarines no utilizaban el vestuario real y únicamente marcaban los pasos. Antes de que empiece sólo tienes cinco minutos para leer el programa y describir escenografía, bailarines y vestuario. El lugar que te han reservado es la sala de sonido del teatro que está detrás de la última fila.

    No hace falta que relate lo difícil que fue, pero conseguí salir adelante y la satisfacción de haber ayudado a otra persona a disfrutar de la obra mereció totalmente la pena. Lo más gratificante fue el comentario de uno de los usuarios al salir de la sala: después de escuchar la audiodescripción, había decidido apuntarse a clases de baile con su mujer.

    En España aún muchas personas ni siquiera saben lo que es la audiodescripción y la diferencia que puede suponer en la vida de miles de personas. Con este vídeo que realizamos hace unos meses queremos aportar nuestro granito de arena y sumarnos a esta importante labor de concienciación.

    B.


  4. La palabra escondida

    marzo 28, 2012 by viobella

    Esta semana quiero sacar a la luz una palabra que me gusta mucho y que descubrí en el tiempo que pasé en Barcelona.

    GAUDIR (verb)

    • 1 Sentir goig, un viu plaer. El sí, que gaudeix de la vida!
    • 2 Posseir una cosa de la qual hom treu un profit, un avantatge. Gaudeix d’una gran fortuna.

    © ENCICLOPÈDIA CATALANA, SAU.

     

    Para los que no entiendan catalán, gaudir en catalán es más o menos lo que en español disfrutar.

    Cuando llegué a Barcelona pensaba que la palabra se refería al genial arquitecto modernista, ya que la pronunciación en catalán es idéntica al apellido del diseñador de la Sagrada Familia.

    Me encantan las creaciones de Gaudí y creo que no hay una palabra más apropiada para definir lo que se siente al contemplar su obra. Si no tenéis plan para las vacaciones de Semana Santa, os recomiendo una visita a la Santa Coloma de Cervelló para disfrutar de una construcción no tan conocida, pero igualmente impactante: la cripta de la Colonia Güell.

    B.


  5. Retórica

    marzo 20, 2012 by viobella

    Creo que estamos viviendo uno de esos momentos en los que la retórica retoma mucha importancia en la vida diaria. Quizás ha ocurrido algo similar durante las diferentes crisis que ha sufrido la humanidad. Me explico.

    La retórica describe las necesidades de la política en estos tiempos. Los políticos necesitan recuperar la retórica porque se trata, tal y como indica Antonio García Berrio en Teoría de la literatura, de «una especie de mecanismo universal de persuasión, con reglas no demasiado bien definidas o cuanto mucho un raquítico sistema de estrategias de diálogo o de argumentación [...]». Los políticos y los medios  necesitan un discurso persuasivo ante las masas; ofrecer una información propagandística escogida con esmero para dar las informaciones que a ellos les interesa dar al ciudadano. El modelo de la teoría de la información que elaboró Jakobson se cumple: hay un emisor  (un político) que transmite al destinatario (un ciudadano) a través de un canal (los medias) un mensaje (propaganda, persuasión) organizado según las reglas de un código actual. El canal y el código probablemente sea lo que más ha cambiado si comparamos esta época con otras.

    En tiempos de crisis la retórica vuelve a necesitarse porque la humanidad está falta de un líder. Quizás en una crisis en pleno siglo xxi más que en otras ocasiones porque una gran parte de la población europea está falta de un líder religioso. Poco a poco nos hemos despojado de ideologías y de valores porque se cree que pueden frenar el desarrollo, el progreso. (Esto es discutible, claro). Puede que si cubrimos las necesidades básicas, ese líder no sea necesario. Quizás cuando tenemos el estómago lleno dejamos de pensar. Pero entraña sus peligrosos porque el miedo también hace que dejemos de pensar y nos paraliza. Ahí es donde entra en acción la retórica. La fuerza, el poder la palabra bien utilizada. Bien utilizada no significa para hacer el buen uso de la palabra, ya que, a veces, puede ser para todo lo contrario. A lo largo de la historia, esas necesidades se han visto mermadas y hemos tenido la sensación de estar solos ante un precipicio. Aquí entra en juego el «populismo» político que tan en auge están en estos momentos y, con ello, la retórica. La voz que guía al pueblo. Esto no es nuevo y todos los sabemos, ellos también. Esto funciona y ellos también lo saben.

    En el mundo clásico el uso de la palabra se convirtió en un objeto de enseñanza, también debido al porcentaje de analfabetismo (aunque las carencias de la época contemporánea son otras quizás no menos importantes). Ya se sabía que la palabra tenía un poder oculto. No se podía llegar a ser alguien en la vida sin conocer de la retórica y ser un buen orador. Todos hemos visto en las películas esos hombres vestidos de guerreros, fuertes, con voces graves que dejaban perplejos a todos los que se encontraban en el ágora. Y en un tiempo más contemporáneo vemos a algunos líderes políticos gritando sandeces y encandilando al pueblo con mentiras que quieren escuchar. Además, contamos con esa tradición política de hacer campaña viajando de un sitio a otro del país y dando discursos memorables en los que se juegan la candidatura.

    Tendremos que aprender de nuevo el arte del hablar. Ya lo decía Platón con su idea pitagórica en Fredo. Habrá que aprender las directrices para conducir las almas, aunque sea la nuestra propia.

    V.


  6. Yo, intérprete

    marzo 13, 2012 by viobella

    Una de las preguntas que nos perseguirá durante toda nuestra vida profesional será: ¿interpretación? (cara de sorpresa) ¿eres actriz?

    La verdad es que no sé qué cree la gente que es la traducción y la estrecha relación que tiene con las artes escénicas para imaginarse hasta una carrera conjunta. Pasado el tiempo nos acostumbramos y hasta nos puede hacer gracia. Pero a lo que nunca nos habituaremos es a ver cómo se infravalora esta complicada profesión.

    Entré en Traducción e Interpretación porque quería ser la intérprete de Nicole Kidman (por ejemplo) en sus entrevistas con la prensa española. Pasado el tiempo me di cuenta de lo difícil que es ser intérprete y el esfuerzo que supone me hizo descartar la idea, al menos, por el momento. Para ser intérprete debes tener cualidades casi sobrehumanas: estar alerta en cada momento, tener una enorme capacidad de reacción instantánea, contar con conocimientos sobre casi todo, poder improvisar y parafrasear cuando sea necesario, y un largo etcétera.

    Pocos meses después de empezar la carrera, la misma Nicole haría aquella película por la que, para ojos de la sociedad, pasamos todos a trabajar en la ONU con el motivo oculto de matar a un genocida africano. Bromas aparte, el trabajo de intérprete no es tan bonito como a veces imaginamos. Sólo hay que pensar en los intérpretes de guerra. Hace unos días una amiga que está haciendo un estudio sobre esta profesión me comentó que necesitaba preguntas que hacerles. Sinceramente, me quedé en blanco, yo no querría preguntarles casi nada, me bastaría con escuchar embelesada lo que ellos me quisieran contar, que seguro que no sería poco.

    Las personas que acaban trabajando en el mundo de la interpretación tienen una vocación comparable con la un médico, pero sin el reconocimiento que éstos reciben de la sociedad. Recuerdo pensar esto mismo la primera vez que escuché una interpretación simultánea inversa al alemán que realizaron mis compañeros cuando aún estudiaba en Granada. La interpretación en sí tiene miles de dificultades pero no me percaté de las dimensiones reales hasta que escuché a esos pobres estudiantes de cuarto de alemán dando el tipo en una conferencia. Aún me resulta un misterio cómo pueden retener el verbo en su mente para colocarlo al final de la frase cuando sea correcto.

    También tengo marcada con fuego la imagen de la intérprete de El Hormiguero correteando detrás de Miley Cyrus, que se dirigía por sorpresa hacia el balcón del estudio para saludar a sus fans. Algunos trabajos no están pagados, aunque espero que a esa mujer le paguen bien.

    Por último quiero mencionar una polémica muy actual: la de los intérpretes policiales y judiciales en el Reino Unido. Aún no he encontrado un medio español que se haya hecho eco de la noticia de la privatización (y sus pésimos resultados) de este servicio. Un ejemplo más de la falta de valoración de esta profesión. Os dejo la tira cómica del gran Mox para protestar con sentido del humor.

    ¡Ánimo intérpretes! Tenéis toda mi admiración.

    B.


  7. La palabra escondida

    marzo 1, 2012 by viobella

    Desde que empecé a traducir temáticas diferentes a las que estaba acostumbrada, me he encontrado con términos desconocidos o llamativos que me gustaría compartir. Muchos resultarán de cajón y otros más rebuscados, pero todos me han llamado la atención por una razón o por otra.

    De esta forma estrenamos la sección La palabra escondida, en la que cada semana descubriremos una nueva curiosidad en cualquiera de nuestros idiomas de trabajo.

    Para empezar, la palabra por la que surgió la idea de la sección:

    PARAMOUNT (adjective)

    • 1 more important than anything else; supreme.
    • 2 having supreme power.
    Concise Oxford English Dictionary © 2008 Oxford University Press

     

    ¿Cuántas veces habré escuchado esta palabra en mi vida? ¿Cuántos monólogos del club de la comedia habré visto en Paramount Comedy? ¿Cuántas películas de la Paramount me sabré de memoria? Incluso hice un trabajo sobre los estudios de la época dorada de Hollywood en el que investigaba sus orígenes. Pero nunca me había parado a buscar lo que significaba la palabra en sí.

    No me cansaré de decirlo: me encanta ser traductora y aprender algo nuevo cada día.

    B.


  8. Historias urbanas

    febrero 21, 2012 by viobella

    Hace unos días llegué al cine con tiempo para poder echarle un vistazo a lo que nos traerá la cartelera próximamente. Así es como me di cuenta de que no recordaba en absoluto el final de «Extremely Loud and Incredibly Close» (que aquí se ha traducido como «Tan fuerte, tan cerca»). Es cierto que no tengo la suerte de contar con una memoria prodigiosa, al menos para las cosas sin importancia,  y, aunque recuerdo la atmósfera y el tono del libro que leí este verano, el argumento se ha borrado casi por completo de mi mente.

    En ese momento me paré a pensar sobre lo bien que recuerdo las descripciones de esa Nueva York post 11-S. Puede que la literatura y el audiovisual tengan parte de culpa de mi fascinación por esta ciudad desde la primera vez que la pisé. Nueva York se ha plasmado tanto que cuando la experimentas en persona te parece que ya habías estado allí antes.

    Aunque, por mi experiencia, Jonathan Safran Foer no hiciera muy bien su trabajo con el guión (es una historia entretenida pero, como he comprobado, no deja huella), sí que consigue lograr a la perfección la ambientación. Desde que empiezas a leer, te metes en la vida de ese niño de nueve años y vives con él una experiencia en la ciudad. Creo que la ambientación debe estar tan conseguida que pase desapercibida, permitiendo que la obra te llegue a absorber.

    Esta reflexión me recordó mucho a la frase que tanto hemos escuchado: «si es una buena traducción no se debe notarse que se trata de una traducción». Para que el disfrute sea total, esta máxima debería cumplirse, pero hay que ser realistas: son textos diferentes y hay que tratarlos como tales porque hay cosas que simplemente no se pueden trasladar totalmente a la lengua meta.

    Creo que todos los colegas de profesión compadecemos al pobre traductor que se tiene que enfrentar a ese ingenioso juego de palabras que acaban de hacer en nuestra serie favorita o al enigmático acertijo de esa novela de misterio. Sin embargo, por mi experiencia en la traducción creativa debo decir que ese tipo de retos son los que más disfrutas resolviendo, aunque llegues a tener pesadillas en las que sigues luchando por encontrar la solución más adecuada.

    Ahora estoy leyendo «El prisionero del cielo» y se me ponen los pelos de punta al volver a esas calles de la antigua Barcelona que tanto recorrí hace unos años. Espero que los autores de las versiones traducidas consigan hacer llegar esa sensación al resto del mundo.

    B.


  9. I (heart) NYC

    febrero 14, 2012 by viobella

    En una fecha tan señalada quiero confesar el flechazo más grande que he tenido nunca. Fue hace 3 años, en el mayo de 2009. Yo estaba trabajando en Londres de auxiliar de conversación y, con el dinero que había estado ahorrando, me fui una semanita a Nueva York con unas compañeras.

    Me enamoré al instante: sobrevolamos Long Island y, al reconocer la forma, sentí un vuelco en el estómago que me acompañaría durante todo el viaje. Cuando por fin llegamos a Columbus Circus, no me lo podía creer. Era como si conociera esa ciudad de toda la vida, yo no estaba en la ciudad, la ciudad estaba en mí.

    Muchos pensaréis que mi historia puede ser muy típica y que la gran manzana está ya muy vista. Nada más lejos de la realidad. Si me hubiera pasado con Murcia, lo contaría con la misma emoción.

    Después de ese primer encuentro he tenido la suerte de poder visitar otras veces la ciudad por motivos de trabajo, incluso estuve viviendo un mes al norte del Bronx. Este verano fue mi última estancia y me di cuenta de que la ciudad nunca dejará de sorprenderme.

    Además de las mil anécdotas que podría contar, me quedo con mi sorpresa de este verano: la terraza del Empire State por la noche es lo más romántico que he vivido nunca. Allí arriba se ven miles de pequeñas luces, personas, coches, casas… y el murmullo de la ciudad es como el susurro de un amante al oído.

    Para concluir esta entrada tan temática, apunto algunos consejos para futuras visitas:

    • El metro es lo mejor para moverse por la ciudad y no es nada caro.
    • Tened cuidado con lo que decís porque TODO el mundo habla español.
    • La mejor forma de ver Central Park es en bici; alquilar una por horas sale muy bien de precio y merece la pena.
    • Subir al Empire es mejor al atardecer ya que puedes ver las vistas de día y de noche: ¡2 mundos!
    • Si queréis entrar al Madison Square Garden, mirad si hay algún partido de las chicas del Liberty y os saldrá baratísimo.
    • Si sois fan del celuloide, buscan localizaciones de pelis/series que hay miles.
    • La Grand Central Station tiene un encanto especial: deteneos simplemente a ver cómo la gente va y viene.
    • El MoMA es gratis un día en semana a partir de las 16h y os lo recomiendo, es mi museo favorito de todo el mundo.
    • Tour de un día: Coney Island, Brooklyn, cruzar el puente hasta Manhattan al atardecer y acabar el día en el Village.
    • Consultad los eventos del día: en la ciudad que nunca duerme no hay lugar para el aburrimiento.

    B.


  10. La comunicación moderna

    febrero 9, 2012 by viobella

    Hace unos días me sorprendí al darme cuenta de que los buenos modales se están perdiendo cada vez más por culpa de la comunicación electrónica. Y, por supuesto, yo no voy a ser la que lance la primera piedra.

    En los inicios de la correspondencia electrónica, la estructura de los emails era muy similar a la de las cartas tradicionales, seguramente porque era el referente más cercano.  Sin embargo, esta convención actualmente se relega solamente a los mensajes de correo electrónicos profesionales, en los que incluso «firmamos» para que el cliente reciba una sensación de seriedad.

    Los servicios de mensajería instantánea empezaron con IRC y Messenger, siguieron con Twitter y parece que no tienen fin con los chats de las redes sociales y whatsapp. En estos programas lo que prima es ser directos y concisos, por lo que los saludos y las despedidas están de más. Muchos opinarán que estas expresiones son una pérdida de tiempo y que, si hay confianza, son totalmente innecesarias. Sinceramente creo que la conocida frase «la confianza da asco» se puede aplicar a este caso.

    Por mucho que nos encanten las nuevas tecnologías (yo soy la primera enganchada), hay que reconocer que día a día se van haciendo más invasivas.

    Hace unos años nos ofenderíamos muchísimo si mientras tomamos café con una amiga, ella cortara la conversación de repente para ponerse a hablar con su novio, ahí, en la misma mesa, dejándote con la palabra en la boca y cara de tonta. Alucinaríamos aún más si nos dijera que siguiéramos hablando, que ella es multitarea y puede prestarnos atención a los dos a la vez. Pues esto es lo que ocurre exactamente ahora con ese gran avance que es la tarifa de datos en los smartphones.

    Todos deberíamos hacer examen de consciencia y tratar de respetar algunas normas de convivencia que son fundamentales para que la comunicación entre las personas no se convierta en otra tarea automatizada e impersonal.

    Para concluir dejo con algunas normas para la escritura de emails o cartas «familiares» que espero os sean de utilidad, puesto que solemos pasarlas por alto y son sencillísimas de recordar.

    Carta en español:

    Hola, NOMBRE: (coma antes del vocativo y dos puntos al final)

    Estoy escribiéndote un email. (Empezamos escribiendo en mayúsculas)

    Carta en inglés:

    Hi NAME, (coma al final)

    why don’t you send me a snail mail? (Empezamos escribiendo en minúsculas)

    Best wishes,

    B.